El nirvana de la nieve

Redacción 12 enero, 2016 0
El nirvana de la nieve

Cortar con las tablas una pala como si fuera una enorme tarta de nata. Volar sobre montañas que nunca conoceremos su nombre y aterrizar en una cima perdida en mitad de la nada blanca. Navegar sobre champán helado a bordo de nuestros esquíes. Trazar un dibujo irrepetible sobre una ladera de nieve virgen sin más sonido que el de los esquíes, viento y frío en la cara. La aventura de abrirse paso sumergidos hasta la rodilla en la nieve más mullida. Superar el miedo que provoca el corredor helado que nos espera a nuestros pies y, ya una vez abajo, la alegría de haberlo pasado sin problemas. Sentirse, en fin, perdidos en la naturaleza más elemental y auténtica. Practicar heliesquí es vivir el nirvana del deporte blanco.

Utilizar helicóptero para alcanzar lugares apartados, lejos de remontes y de los tumultos de las estaciones de montaña y allí bajar laderas solitarias se considera la quintaesencia del deporte blanco. El heliesquí es la modalidad que más satisfacciones reporta y, también, la más exigente del esquí. Conocimientos técnicos suficientes para deslizarse sobre nieves vírgenes, heladas y cambiantes, fortaleza adecuada para superar largas y esforzadas bajadas… no es una actividad para todos los públicos; se necesita ser buen esquiador y estar fuerte. También tener dinero suficiente para practicar la modalidad más cara de los deportes de nieve.

A primera vista, el heliesquí parece ser asunto exclusivo de esquiadores expertos con cartera saneada. No menos cierto resulta que ofrece posibilidades a esquiadores medios, con descensos francos y sin dificultades. Por su parte, las compañías especializadas ofrecen paquetes a precios asequibles. La apreciable mejoría del nivel de esquí medio, propiciada por la aparición del carving, cierto aumento en el nivel económico y el gusto creciente por la práctica de deportes de naturaleza y aventura son otros factores que han hecho que este modo de esquí viva los mejores momentos de su historia.

Hans Gmoser el visionario

No puede decirse, sin embargo, que sea la última tendencia del deporte blanco. Todo lo contrario, el heliesquí ha cumplido 52 años. Obligado es recordar sus orígenes. Hay que remontarse a 1963 y buscar en las remotas cordilleras de la Columbia Británica, las tierras canadienses más cercanas al Pacífico, a un hombre singular para asistir a sus inicios.

Fue Hans Gmoser, un austriaco que emigró a Edmonton, Canadá, en 1951 escapando de la posguerra, para ejercer su profesión de guía de montaña y esquí. No tardó en convertirse en uno de los mejores de su oficio. Junto con su amigo y compañero de correrías, el geólogo Art Patterson, tuvo la feliz ocurrencia de utilizar un helicóptero para acceder hasta aquellos remotos lugares, que permanecían en la más absoluta soledad apenas visitados por algún que otro leñador en los veranos, pero absolutamente nadie en los largos y fríos inviernos. Imbuidos por el espíritu de la frontera, iniciaron la conquista de aquellas nieves, las más remotas y hermosas. Había nacido el heli-skiing.

De unas horas a varios días

Existen dos maneras de practicar heliesquí. La más elemental, que es propia de nuestro entorno español y europeo, consiste en coger un helicóptero en las cercanías de aquellas estaciones de esquí donde está permitido (en el continente hay muchas limitaciones por cuestiones ambientales) y transportarnos a laderas próximas para esquiar sobre nieve virgen. Es una actividad de pocas horas, media jornada a lo sumo, donde se suelen realizar dos o tres bajadas.

Mucho más completo es el heliesquí que se practica en resorts que se sitúan en regiones apartadas. Auténtica esencia de la modalidad, Canadá es el destino preferido para esta variedad. Son estancias por lo general de entre 5 a 7 días, enlodges a los que suele accederse en helicóptero, esto es: están aislados en mitad de las montañas. Auténticos hoteles, cuentan con spa, masajes, tiendas y chef prestigiados. Cada mañana, los esquiadores, repartidos en grupos variables (entre 2 a 8 por lo general) toman el helicóptero para realizar bajadas por nieve virgen durante toda la jornada, o hasta que las piernas aguanten.

Hay que tener en cuenta todas estas circunstancias a la hora de contratar un heliesquí. A veces un precio relativamente barato tiene ciertas ‘trampas’. El primero aspecto que hay que prestar atención es el número de metros de descensos incluidos en el paquete. Algunas compañías tienen limites, superarlos supone pagar un suplemento. Otras ofrecen, por el contrario, descensos ilimitados. El número de esquiadores que realiza cada excursión es otro punto que debe contemplarse. Cuantos más personas tengan que desplazarse en helicóptero y completar las bajadas, más se tardará en acabarlas y, por lo tanto, menos metros se habrán bajado al final de cada jornada.

Cierto riesgo

Descender por laderas remotas, lejos de la seguridad de las pistas, comporta ciertos riesgos. La profesionalidad de los guías y su conocimiento del medio permite que los grupos eviten los peligros, sobre todo avalanchas, aunque también grietas o cambios en la meteo. Las bajadas discurren en todo momento por lugares y horarios lo más seguros posible.

Cada esquiador debe llevar un equipo de rescate completo, que incluye ARVA (aparato electrónico localizador de víctimas de avalanchas), pala, sonda plegable y casco. Hay otros inventos que aportan más seguridad en este tipo de esquí. Es el caso de las mochilas airbag, hinchables igual que los chalecos salvavidas, con las que se flota si quien la lleva es arrastrado por una avalancha y acciona el mecanismo de inflado.

http://www.elmundo.es/deportes/2016/01/11/5694240422601d3f2b8b464d.html

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